Incrédulo

- No creo que me perdure –
- ¿La poesía? - Dijo con incredulidad.
A lo que el eco respondió -¡Silencio!-
donde el verso es eterno.
El poeta puede ladrar

El poeta puede ladrar
y mirarte a los ojos.
El poeta puede gritar
y susurrarte al oído.
También puede detenerse
y contemplar el tiempo.
Sentir y decir: “¡Otro mundo es posible!”
El arte es revolución
pintar de colores, crear melodías...
y escribir:
"Nuestra esperanza es nuestro destino
y la libertad nuestro último verso."
Felicidad

Soñé con una poesía loca
de trazos disconformes
con la geometría descontrolada
y quiso ser desconcertante.
Quise hacer poesía
e hice un garabato.
Yo rayé el oleaje
y el Sol la lluvia,
miré al cielo y vi poesía.
El arco iris son flores
que caen del cielo,
flores de esplendidos colores.
Quise hacer poesía
e hice un garabato.
Dibuje unas líneas
que se enredaron
se retorcieron, adquirieron vida
y al final, la luz que vislumbré,
hablaba de amor y libertad.
Calma

Furia, desbocada furia,
¡tempestad!.
Es decir, es olvidar.
Hay luces en las tormentas,
¡y oscuridad!.
Es vivir, es morir.
En la noche hay estrellas,
¡y soledad!.
Es callar, es escuchar.
Hay gritos,
¡en el silencio!.
Y en estos tristes versos,
hay una sonrisa
¡qué a ti te pertenece!.
Hay un susurro, una caricia,
una risa, un beso y miles;
es sentir, es amar
y un tierno: ¡Te quiero!.
Aquí una sonrisa

Aquí la aridez, la sed del fondo del mar
que un día te vi llorar.
¿Y qué, que vuelva a llorar?
Una sonrisa, ¡Una sonrisa!
Y la tempestad del mar
en un pozo se serena,
donde a unos amantes
le susurra la Luna:
¡Lilas y Rosas!
Aromas y ¡melodías!
Y un cielo lleno de versos,
Aquí una sonrisa y un ¡te quiero!.
El reflejo siempre fue pasado

- Reflejado el olvido
Como el eco del oleaje,
Quién adivine si viene o va
En mil mares ha de navegar.
- El silencio
Es lo que queda tras el olvido,
Siempre fue pasado,
Y al tiempo
Fue como un espejismo.
- ¡Grita soledad!
Qué tal vez vuelva el eco,
Entre el rugir del oleaje…
Anochecida, la Luna
Anochecida, la Luna
la observaba a través de la ventana
y a través del frío vidrio:
una salamanquesa atravesaba
una luna atravesada por oscuras nubes.
Cruzo la Luna, pasaron las nubes.
Y allí quedo, sola,
donde siempre ha estado.
Y yo, imperceptible al tiempo
fui casual y efímero,
observando un instante
que en estas palabras
pretendí hacerlo eterno.
Desierto
Anduve por el desierto
entre los dedos de mis pies, la arena,
hacia mi cara llevada por el viento.
Anduve por la sed
guiado por un espejismo
hacia un horizonte, donde
hallar morada es continuar caminando.
Miré al cenit, también observe el Sol
me cegó, perdí el rumbo
y oteé infinitos espejismos,
cuando anduve por el desierto.
Recuerdo
Recuerdo
un aroma tergiversado al viento
una palabra valentonada, hacia el mar,
hacia el espejismo, que nadie vio.
Otra vez, miré
las olas entre las estrellas,
la espuma rebosando entre las nubes;
y en el mar, otra vez,
el reflejo de la Luna.
Detuve el tiempo en un silencio,
y en un suspiro, respire un aroma
de recuerdos y vida.
Odisea

-¡Hay Luna! Qué arrastras mis velas con la marea, hacia el acantilado, donde permaneceré encallado.- Dijo el marinero mirando al cielo.
La Luna sonrío y exclamo al viento: “La mar es la mar y las olas su cantar”.
El dialogo fluyo, las palabras flotaron en el mar, como una suave brisa, al aire se susurro:
Marinero: -Varado y mecido se es un ser vencido, sometido por tu hechizo; lo sé, al amanecer y al anochecer.-
Luna: -Al tiempo hay que dejarle navegar,
hasta que tus velas comiencen a volar.-
Marinero: -¿Volar? ¡Sí yo solo quería navegar!.-
Luna: - Hay estrellas que libran batallas en el mar,
y que a más de mil amores hicieron soñar.-
De proa a popa el marinero caviló, deambuló y su devaneo en el océano se perdió. La Luna volvió a sonreír, con una mirada que cautivó la mar, esa mar que hizo navegar y ocultó la noche tras un horizonte. El cielo, fue una esperanza en la que se precipitó la soledad, a la que el marinero exclamó:
- Y en las estrellas, lejos de mi mar ¿Cuál será mi sed?
¿Cuál el viento que me lleve?
¿Cuál será mi tierra soñada?
La Luna versó; soñó, quizás con la tierra. El cielo atronó, las velas fluyeron mientras el marinero oteaba el cielo:
-¡Hay Luna! Que me despiertas de la soledad con los aullidos del silencio, mecido al mar, tal odisea al cielo me hace navegar.




