Odisea
-¡Hay Luna! Qué arrastras mis velas con la marea, hacia el acantilado, donde permaneceré encallado.- Dijo el marinero mirando al cielo.
La Luna sonrío y exclamo al viento: “La mar es la mar y las olas su cantar”.
El dialogo fluyo, las palabras flotaron en el mar, como una suave brisa, al aire se susurro:
Marinero: -Varado y mecido se es un ser vencido, sometido por tu hechizo; lo sé, al amanecer y al anochecer.-
Luna: -Al tiempo hay que dejarle navegar,
hasta que tus velas comiencen a volar.-
Marinero: -¿Volar? ¡Sí yo solo quería navegar!.-
Luna: - Hay estrellas que libran batallas en el mar,
y que a más de mil amores hicieron soñar.-
De proa a popa el marinero caviló, deambuló y su devaneo en el océano se perdió. La Luna volvió a sonreír, con una mirada que cautivó la mar, esa mar que hizo navegar y ocultó la noche tras un horizonte. El cielo, fue una esperanza en la que se precipitó la soledad, a la que el marinero exclamó:
- Y en las estrellas, lejos de mi mar ¿Cuál será mi sed?
¿Cuál el viento que me lleve?
¿Cuál será mi tierra soñada?
La Luna versó; soñó, quizás con la tierra. El cielo atronó, las velas fluyeron mientras el marinero oteaba el cielo:
-¡Hay Luna! Que me despiertas de la soledad con los aullidos del silencio, mecido al mar, tal odisea al cielo me hace navegar.
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