Mirada
Ostentar la lucidez, en la conflagración de la brillantez, es relucir y resplandecer lo luctuoso del fuego y del esplendor. La controversia es en lo diáfano, en la sécula lucerna, en el lumbre de la pendencia y en el halo del amor.
La claridad es lujuriosa, exorbitante en su exordio y fugaz en su fin. Tanto empecinamiento no deja ver la luz.
Aturdimiento; siempre tú mirada…
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